Desenvolupant espais daprenentatge sota la llum de la MLT.

Desenvolupant espais daprenentatge sota la llum de la MLT.

Dentro de esta sección del Audit, queremos dar voz a distintas experiencias pedagógicas que parten del conocimiento de la Teoría del Aprendizaje Musical expuesta y desarrollada por E. Gordon y su equipo. Hablaremos con maestras/os que están trabajando bajo esta mirada, haciéndola crecer y florecer en sus respectivos proyectos.

Albert Cid es músico, cantante y pedagogo. Actualmente ejerce de director en la Escola de Música Municipal de la Selva del Camp (Baix Camp) donde también da clases de canto, lenguaje y lleva los grupos de canto coral. Nos cuenta que, aunque siempre fue un amante de la pedagogía y que era algo que ya vivió en su casa, poco a poco se encontró con el hecho de dar clases. Inquieto y con ganas de formarse, asistió a distintos cursos.

 

¿Cómo has llegado a conocer la MLT?

Fue en una formación de pedagogía del instrumento en grupo que impartía Eli Pujol. Propuso un planteamiento muy interesante que respondía a algunas de las cuestiones que yo ya me había planteado. Nos habló de E. Gordon, a quien no conocía. Vislumbré un enfoque que me apasionó.

 

¿A qué te refieres?

Mostró de qué manera aproximarse a una obra; antes de tocar realizaba un trabajo previo: moverse siguiendo las distintas pulsaciones, cantar las melodías, la nota de reposo y los patrones tonales subyacentes, recitar patrones rítmicos dentro del contexto de la métrica de la composición…en definitiva ir desgranando la música de la partitura para luego volcarlo todo en el piano. Era un enfoque totalmente novedoso.

Yo que venía del canto, encontré este proceso muy natural; si la música no la tienes en la cabeza, ir tocando nota por nota no sirve demasiado. Yo ya trabajaba desde la imitación para llevarla después hacia la lectura. Pero en el curso con Eli vi que se podía ir más allá.

Toda esta práctica me tocó de fondo y enseguida investigué por la web quién era Gordon, compré el libro «Learning Sequences y Music «, el “Music Play” y pasé todo el verano leyéndolos. Muchas de las preguntas que me hacía, dudas que me habían surgido durante mis años de profesor, allí se abordaban bajo un enfoque que me pareció muy natural. Cierto que algunas cosas yo las había pensado totalmente al revés, pero todo cobraba una lógica intensa. “Learning Sequences in Music” es un libro difícil de leer por la manera en la que está escrito pero muy coherente.

Enseguida intenté aplicarlo en las clases de lenguaje; debo confesar que algo a lo «bruto», es decir, me lancé de cabeza.

Seguí indagando en la bibliografía, en la serie del «Jump right in» para ir sacando ideas, intentando poner todo eso en práctica.

En ese momento era Cap d’Estudis; no dudé en compartir estos hallazgos con los compañeros. Encontré todo tipo de respuestas: algunos se interesaron mucho, otros no tanto.

 

¿Qué edad tenían los alumnos con quienes empezaste a trabajar todo esto?

Eran de primero, segundo de primaria, más o menos. Fueron los primeros niveles con los que pude experimentar. Con una compañera ya habíamos hecho una formación Dalcroze, años atrás, que nos permitió incorporar actividades más activas, de movimiento y juegos; esto ya supuso un cambio. Pero notaba que se me acababa la cuerda y no veía clara la progresión, me faltaba algo de formación. Esto que estaba aprendiendo iba más allá, podía entender la secuencia y me resonaba completamente. Entonces decidí ir a Madrid para realizar un curso con Marshall. Allí contacté con Marisa.

Paralelamente, mis hijas van a una escuela viva, alternativa y entonces tenían el tema de la música muy atascado. Comenté lo que sabía de la MLT y cómo consideraba que congeniaba profundamente con el proyecto de la escuela, cómo sincronizaba con el crecimiento respetuoso del que se partía. Se me ocurrió que la mejor manera de explicarlo era con una práctica, así que contacté con Marisa; la invité y nos hizo una sesión de música con las familias de la escuela seguida de una charla. Entonces empecé a palpar con mayor intensidad lo que en realidad es la MLT; conocía la teoría pero con la práctica que nos ofreció lo vi todo mucho más claro. Toda la parte de la música para los bebés y niños pequeños, todo lo referente a las conversaciones con patrones, el jugar con la música, el provocar la conversación musical, recoger las aportaciones de los niños… toda esta parte, pude percibirla mucho más nítidamente. Marisa en dos horas hizo una gran síntesis, en dos horas lo dejó clarísimo. Y entonces, cuando se ofreció la certificación, decidí hacerla. Mis compañeras Júlia y Núria también se apuntaron, una aquel curso, la otra el año siguiente en Tarragona y poco a poco, en la escuela, se empezó a cultivar desde los pequeños algo que empezaba a cobrar mucho sentido. Ahora tocaba hacerlo crecer hacia arriba.

 

¿Ir cuidando la llama?

Sí, de manera que empezamos a hablar con los profesores de instrumento con vistas a establecer una continuidad a medida que los niños iban avanzando. Hubo de todo, gente más receptiva y menos.

 

Estamos hablando de un claustro ¿de qué número de profesores?

Dieciséis profesores; fuimos haciendo encuentros, reuniones para ver de qué manera podíamos vincular el lenguaje musical con el instrumento y dar continuidad a todo el proceso ya iniciado.

Ya teníamos unas programaciones de lenguaje elaboradas el año anterior y ahora queríamos encontrar la convergencia con el estudio del instrumento.

Consideramos que Marisa nos podía ayudar en este empeño y a principio de curso 2019/20 la invitamos a realizar un intensivo de dos días con prácticamente todo el claustro. Después hemos ido haciendo un seguimiento, que desearía que pudiera ser más continuado.

 

Y ¿cómo respondió el profesorado?

En general bien; algunos profesores están constatando muchas ventajas, sobretodo al principio. Después, a medida que los alumnos van avanzando surgen algunas dudas. Personalmente, lo que experimento es que voy entendiendo las distintas etapas del desarrollo musical a medida que trabajo en ellas con los alumnos y, hasta que no he pasado una, no entiendo la siguiente. Ahora nos encontramos con alumnos de todos los niveles, que no han empezado todos de la misma manera, no han pasado todavía todos por el principio; se nos hace pues difícil valorar. Pero poco a poco vamos intuyendo, vamos viendo el proceso.

El profesorado en general está bastante dispuesto aunque hay quienes son más reticentes.

 

Todo ello supone un cambio de paradigma, un giro de cabeza muy fuerte ¿no?

Sí, claro que es un cambio. Bien, a mi, desde mi experiencia como cantante, me parece todo muy natural. Pero, claro, empecé la música siendo bastante mayor, y hasta entonces me había acercado de una manera un poco informal y muy a través de la experiencia del canto y quizás la vivencia que tengo de la enseñanza musical no ha sido tan académica; fui a una escuela que seguían la pedagogía de Irineu Segarra.

 

El “do móvil” estaba pues perfectamente instaurado, no había problema con esto ¿no?

Bueno, lo vi de paso, pues allí hubo un momento en que decidieron utilizar el “do fijo”. Había oído hablar de él y también de la solmización, pero cuando llegué a la escuela ya no lo practicaban.

 

El “do móvil” es uno de los aspectos que más cuesta asumir de entrada …

Sí, yo porque me tiré de cabeza y voy probando.

Hablando con los profesores me doy cuenta que es lo que da más miedo, más inseguridad…

Una profesora decía: “claro, sí que durante mucho rato dices muchas mentiras, dices do, re, mi al re, mi, fa … dices muchas mentiras y llega un momento en el que decides decirlo de verdad”. Por supuesto que no es una mentira, es otra manera de utilizar las sílabas ligándolas a una función, pero alguien, viniendo del “do fijo” lo puede ver así. Es, supongo, una manera de hablar, pero muestra cómo lo perciben.

En cambio otro profesor dice: “bien, yo lo he ido probando durante el verano y sí funciona, pero me cuesta y a ver los alumnos cómo lo asumen…”

 

Para abordarlo con el instrumento, voy viendo que tienes que hacer un cambio de chip realmente importante.

 

Sí, claro… y no se puede forzar a nadie, ni agobiar a nadie …

Sí, por supuesto. Hay que tener en cuenta que algunos profesores vienen aquí un día a la semana y trabajan en otras escuelas que tienen otros sistemas … tenemos que ir con mucha calma.

 

Y a nivel de evolución de los niños ¿notas alguna diferencia? ¿Qué dirías que aporta esta aproximación a su crecimiento musical?

La experiencia que tengo, es que los niños con altas aptitudes musicales funcionan muy bien. Respecto a los que no las tienen tan altas, les puedo ir estirando un poquito más, les puedo ayudar a evolucionar un poco más que con métodos tradicionales. Y lo que sí veo, a todas luces, es que tanto unos como otros van desarrollando una fuerte intuición musical.

 

¿Y te encuentras con algunas dificultades?

Como punto débil mío, me cuesta llevar todo este crecimiento musical hacia una lectura sólida; eso es en lo que todavía me encuentro a medias. Siento que me quedo mucho en esta parte vivencial, intuitiva y me cuesta aterrizar hacia cosas concretas; quizás me gustaría poder ir más rápido. Pero es lo que decía: hasta que no has dado un paso no acabas de ver el siguiente.

 

En vuestra escuela ¿los niños tienen lenguaje dentro del currículum?

Sí, sí que tienen.

 

¿Cuánto tiempo?

Dos sesiones de 40 ‘en lo que sería la primaria …

 

Y el instrumento ¿en grupo o individual?

Hay de todo; la escuela en principio apuesta por hacerlo en grupo, pero por lo que sea, hay profesores que acaban haciendo clases individuales de tiempo más reducido.

 

¿Cuánto tiempo?

Si es en grupo, a partir del segundo año de instrumento es una hora.

 

 

 

 

 

¿Y aparte cursan alguna otra materia?

 

A partir de aquí somos un poco más flexibles y pueden hacer conjunto instrumental y también canto coral si así lo desean. El canto coral es optativo y aun así tenemos bastantes niños.

En primaria ha habido una evolución muy satisfactoria; estoy muy contento de cómo funciona.

 

¿La coral la planteas siguiendo también estos principios?

Sí; al aprender las canciones, empezamos siempre por la música; no las cantan hasta que no se saben la melodía, tienen presente la nota de reposo y la métrica. También aprendemos los bajos. Utilizamos los patrones tonales para calentar, la misma secuencia que usamos en lenguaje musical.

Sólo me falta acabar de tensar todo esto para poder utilizar más la partitura, sobre todo en secundaria, donde la música que interpretamos es más compleja y es necesario el soporte de la lectura.

Éste es el momento en el que estoy ahora; buscando, investigando en cómo desarrollar más, sobre todo, la parte tonal. De momento la lectura relativa cuesta bastante que la asimilen. La lectura rítmica es más inmediata y asequible, las sílabas rítmicas aportan mucho, y no tardan en poder ponerlas incluso en las divisiones. Les permite también improvisar rítmicamente con mucha consistencia.

 

¿Y respecto a la improvisación y creación?

Sí, este es el otro gran tema en la MLT; yo aún no ha encontrado un camino que me satisfaga plenamente, estoy buscando. De todas maneras son actividades que tengo muy presentes; propuestas que nunca había puesto en práctica. Con los cantantes, por ejemplo, sobre una base de acordes, cantamos los movimientos armónicos y luego ellos cantan e improvisan, sin el nombre de notas, pero lo hacen, fluye, es una actividad muy bonita.

 

Y en la MLT la práctica de la improvisación es una semilla que va creciendo desde el principio.

Desde bien pequeños les gusta hacer sus propuestas musicales en diálogo, dar respuestas distintas, más o menos ajustadas al contexto, dependiendo de su madurez musical. Es una actividad con la que disfrutan mucho.

 

La MLT es una teoría de cómo aprendemos cuando aprendemos música y si bien de ella se desprende una manera de enseñar que debe ser coherente con el proceso de aprendizaje, su aplicación es abierta y permite una continua investigación y evolución en las aplicaciones concretas. Esto supone un trabajo que requiere una sensibilidad y escucha constantes así como un deseo de investigación profunda y éste es el camino que habéis elegido en vuestra escuela. ¿Quieres decir algo a modo de conclusión?

El camino que hemos iniciado es realmente apasionante. Hay que hacer un esfuerzo para entenderlo, aceparlo, pero cuando puedes ir experimentándolo te abre la mirada y permite descubrimientos muy valiosos con respecto al proceso de aprendizaje de la música. Pero por otro lado no es fácil, no es un camino de rosas puesto que entra en contradicción con estructuras muy establecidas del entorno tradicional de la pedagogía musical. He visto que compartir vivencias es la mejor manera para crear equipo. Puede en determinados momentos ser duro pero es a la vez apasionante. Nuestra experiencia es que vale realmente la pena.

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